El rigor histórico no siempre sirve para contar una película. Apegarse casi religiosamente a lo hechos, pueda quizás convertir a una película en sólo un ejercicio aburrido de enseñanza de la historia, y si bien un largometraje puede ser una puerta a determinados eventos, no debe nunca confundirse como una herramienta confiable para la difusión de éste.
Tal vez lo más poderoso de las películas, cuyo contexto son eventos históricos, es precisamente la manera en que los creadores se las ingenian con el fin de destilar esa historia y quedarse con los elementos que sirvan para realizar un relato emocionante y entretenido, ¿y por qué no? Un incentivo para que aprendamos más acerca de nuestro pasado.
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